Si usted está leyendo este texto, seguramente es que está vivo, y si está vivo probablemente es porque tuvo suerte o porque en algún momento de la pandemia no le hizo caso a Fernando Simón, el mortífero portavoz del sanchismo en cuestión de plagas mortales. Si le hizo caso siempre a Fernando Simón, entonces tuvo que hacer en algún momento una cosa y después la contraria, ¿nunca se preguntó en qué momento se equivocó? ¿Ni cuando Fernando Simón le dijo que la mascarilla no servía para nada ni cuando no llevar mascarilla estando sólo en una playa podía significar que te detuviera la policía? La cosa podría ir quedando en el olvido, pero el sanchismo ha tenido a bien recuperar la figura de Fernando Simón para un programa de gran audiencia y para hablar nada menos que de la mentira y la desinformación. Efectivamente Fernando Simón podría ser una referencia insuperable para hablar de desinformación, pero respecto a su práctica y no a su combate. Presentar a Fernando Simón como una figura contra la desinformación ya es desinformación.
Fernando Simón, cinco años después de la pandemia, habla en 'Lo de Évole': «Yo era testigo de mentiras flagrantes que se decían en voz alta». 👇pic.twitter.com/vXIQBlDqo4
— THE OBJECTIVE (@TheObjective_es) February 12, 2025
Afirmar que Fernando Simón es sinónimo de desinformación podría parecer una afirmación gratuita si no fuera por la hemeroteca. De toda la información que se fue publicando durante la pandemia, se puede afirmar a estas alturas y pudiendo juzgarla retrospectivamente que la información oficial fue la peor. El gobierno, del que Simón era al final una mera correa de transmisión, tan pronto nos dijo que las mascarillas no servían para nada como que era absolutamente obligatorio tener que usarlas. El mismo gobierno que al principio recomendaba a la gente hacer vida normal y socializar sin problemas después de haber estado con un contagiado, después puso en cuarentena a todo el que hubiera dado un test positivo.
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El mismo gobierno que no hizo nada hasta el 8M para poder celebrarlo a toda costa, después nos sometió a todos a un estado de alarma inconstitucional y a un arresto domicialiario. De no tomar ninguna medida para el control de fronteras, a derogar la libertad de circulación y establecer un pasaporte COVID. ¿De verdad esperan que nadie se haga ninguna pregunta sobre eficacia del gobierno a la vista de todos estos vaivenes y contradicciones? Durante la primera ola de la pandemia, España fue el país desarrollado de cierto tamaño con la mayor proporción de casos respecto al número de habitantes. 125.000 muertos después sólo nos falta convertir a Fernando Simón en un referente de la eficacia y de la verdad.
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Resulta inaudito que a estas alturas tengamos que recordar que, antes de la llegada de la primera ola, cuando aún estábamos a tiempo de prevenir muchas cosas, el discurso de Fernando Simón era que no hacía falta hacer nada, que estábamos bien abastecidos de todo, que no era necesario más material, que con lo que ya había en los hospitales para la temporada normal de gripe era suficiente, que se podía celebrar el 8M y que tampoco hacía falta adoptar medidas de contención. Unas semanas después los médicos de los hospitales de toda España tenían que hacer trajes EPI caseros con bolsas de basura y la trama Koldo se forraba mientras se salía a buscar manterial sanitario de forma desesperada.
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Que después de traernos a Ternera y Otegui para enseñarnos la paz y la libertad, el Follonero se atreva a traernos a Illa y Simón para explicarnos la verdad y la forma en que hay que afrontar una pandemia, dice mucho de hasta qué punto este país no tiene memoria o hasta qué punto este país, gracias a gobernantes como Illa, a portavoces como Simón, y a pesudoinformadores como Evole, no se ha enterado aún de lo que pasó.
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La hemeroteca de Fernando Simón resulta tan apabullante que traerla al presente después de todo lo sucedido resulta ilustrador a la par que terrorífico. Seguro que el Follonero habla con Fernando Simón muy poco de todo esto.
“España no va a tener más allá de algún caso diagnosticado”. 31 de enero de 2020.
«En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado». 3 de febrero de 2020.
“Tiene una letalidad que no es desdeñable, pero no es tan grave como parecía. En estos momentos, el nivel de riesgo de España es relativamente bajo. No hay ninguna razón para alarmarse, está controlado”. 9 de febrero de 2020.
«No debería ser un problema grave celebrar eventos multitudinarios. Suspender actos supondría que el virus circula sin control por nuestro país. Es una situación que hay que valorar con cuidado y aplicar si va a tener un efecto real o no. Hay medidas que a veces son más efectistas que efectivas«. , 2 de marzo de 2020.
«Cerrar colegios no reduciría riesgos, sino que los aumentaría», 4 de marzo de 2020.
«Si nuestros hospitales son capaces de soportar la presión que todos los años le genera la gripe, si se mantienen los mismos sistemas de contingencia, los hospitales serán capaces de soportarlo», 5 de marzo de 2020.
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Milei tiene razón. El poder es un juego de suma cero. O lo tienes tú o lo tienen los otros. O cuentas tú la verdad, o se impone el relato del mentiroso. Si todavía Fernando Simón es un personaje paseable por las televisiones y susceptible de ser puesto como ejemplo, es que lo hemos olvidado todo o nunca nos enteramos de nada. Interesa por tanto este pequeño recordatorio de la mortífera hemerotca de Simón y el gobierno. ¿Cuántas vidas costaron errores, inacciones e incoherencias cuya evitación era cosa de pura lógica?
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