Este domingo, tuvieron lugar las elecciones a la cámara parlamentaria de la oficialmente denominada «Unión Europea» (las habitualmente conocidas como elecciones europeas). La mayoría de países tuvieron a sus ciudadanos depositando votos en las urnas a día de ayer, con algunas salvedades que lo hicieron días antes.
Toda cita política tiene su interés, pero esta no se quedaba ni por debajo ni por detrás. La eurocracia, el llamado «proyecto europeo» carece, en estos momentos, de un mínimo de fiabilidad. Esto no se trata solo de cuestiones coyunturales relacionadas con la situación económica o con peculiaridades de la situación política de cada país.
La Unión Europea (UE) se ha convertido en un proyecto de mega-Estado socialista, que aspira a ser un paso previo al Estado Único Mundial, una nueva Unión Soviética cuya capital se asienta en una urbe donde cada vez se habla más árabe que francés y neerlandés. Eso sí, por ser justos, no hay gulags, en el sentido más literal de la palabra.
La Unión Europea es incapaz de asegurar la libertad de comercio entre sus distintos estados, estando siempre inclinada hacia el incremento de la presión burocrática a la hora de emprender, la imposición de normativas absurdas en los comercios y la inspiración para las mafias estatales que responden a nombres como «Agencia Tributaria».
La Unión Europea no ha conseguido que Europa sea más pacífica y segura. Muchos países de Europa Occidental se han convertido en focos de inseguridad para homosexuales, mujeres y judíos, incluso para muchos niños y ancianos que de clase baja y media. Todo debido a la desprotección fronteriza que no solo existe a nivel comunitario.
La multiculturalidad, principalmente islamista, ha sembrado el caos en países como Suecia, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido y Alemania, donde ya ha habido potentes manifestaciones panislamistas así como más de un ataque islamista. En Portugal y en España también se aprecia el problema, en mayor y en menor medida (dependiendo también de la región).
Cada vez que se ha advertido de algo, la eurocracia ha optado por llamar a la censura y la reivindicación de unos «falsos valores europeos». Se ha puesto en el punto de mira a aquellos mandatarios favorables al control fronterizo, como ha venido a ser, principalmente, el caso de Viktor Orban y Robert Fico (y en cierta medida de Mateusz Morawiecki).
Por otro lado, la eurocracia es un claro brazo ejecutor de la Agenda 2030, cuyo propósito es que «no tengas nada para ser feliz». En base a la misma se está tratando de destruir el sector agrícola europeo así como de cercenar la libre circulación vial de las personas (imponiendo directrices absurdas en una construcción ya afectada en algunos países por la falta de oferta).
Y no, no olvidemos que durante muchos años, hasta que ha sido imposible negarlo, la banca central europea, cuyo propósito responde a la opresión de la libre circulación de divisas y la supresión de cierta independencia financiera, se ha dedicado a alimentar la inflación y la pérdida de poder adquisitivo mediante la creación de ingentes masas de dinero artificial.
EU27 (European Parliament election), Europe Elects result projection at 4:54 AM CEST:
— Europe Elects (@EuropeElects) June 10, 2024
Seats
Centre-right EPP: 192 (+14)
Centre-left S&D: 137 (-3)
Liberal RE: 85 (-17)
National-conservative ECR: 78 (+10)
Right-wing ID: 62 (+3)
Greens/EFA: 51 (-21)
Left: 39 (+2)
Non-Inscrits: 76… pic.twitter.com/7GE2xiiAhF
De todos modos, a la luz de todo ello, lo más importante es resaltar que todo tiene consecuencias. De ahí que, los resultados de las elecciones europeas hayan sido, en el conjunto comunitario, una considerable oposición a la sovietización de Europa, con sus directrices multiculturales, ecosocialistas y partidarias de cualquier absurdez de la ideología woke.
El bloque que compondrían las formaciones de la «nueva derecha» eurocrítica y euroescéptica, es decir, aquellas que provienen del Grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos y de Identidad y Democracia, más algunos no adscritos como Alternativa por Alemania, FIDESZ, Mi Hazank (Hungría), Republika (Eslovaquia) y Confederación (Polonia), sería el segundo grupo con más peso.
Pero la lectura no ha de quedarse ahí. Pese a la constante intimidación destructiva y las amenazas sobre intervención bajo ciertos tratados y retiradas de fondos no han impedido que ciertas piezas clave de la resistencia anti-woke del Visegrado se mantengan bajo un funcionamiento adecuado, por decirlo de alguna forma.
En Hungría, la mitad de los pocos votos que ha perdido un FIDESZ aún en cabeza (me refiero al partido de Viktor Orban) han ido para otra formación cuyo discurso nacionalista, derechista e identitario es mucho más fuerte que el de Orban. Los votos de la «progresía» han tenido que canalizar en un recipiente que responde al Partido Popular Europeo, liderado por el ex marido de una ex ministra de Orban, Judit Varga.
En Eslovaquia, entran en el europarlamento formaciones como la derechista REPUBLIKA (a modo de irrupción) y el socialdemócrata conservador Hlas, cuyo líder, Peter Pellegrini, tomará posesión oficial, en pocos días, como presidente nacional. Es más, el grupo Smer, del Primer Ministro Fico, conseguiría sumar bastante con formaciones como las dos mencionadas.
En Polonia, se consolida como tercera fuerza más votada la coalición paleolibertaria-tradicionalista KONFEDERACJA, adelantando a los eslabones centrista e izquierdista woke de la coalición de gobierno de Donald Tusk, cuyo partido sí que fue el más votado este domingo. De hecho, la mayoría de jóvenes votó a esta formación contraria tanto a cualquier clase de socialismo como a la agenda woke.
Podemos hablar de más países pero nos centraremos solo en algunos. Continuemos con los países germánicos. En Austria se impone con fuerza el FPÖ (el Partido por la Libertad), lo cual es un claro mensaje contra el descontrol migratorio (los austriacos también han sufrido algún que otro incidente) y la ingeniería social y centralista de Bruselas.
En Alemania, pese a la intensa campaña de agit-prop contra «la ultraderecha nazi» y los contubernios del capitalismo de amiguetes, se consiguió que la AfD se posicionase con fuerza como el segundo partido más votado, recabando no solo votos de los democristianos de la CDU y otros nichos de la derecha. También le apoyó parte del electorado de una coalición semáforo que está en crisis.
En Francia, se daba lo esperado: arrolladora victoria del candidato de Marine Le Pen. Francia es un país fallido, totalmente inseguro y corrompido por la inseguridad (lo único salvable es una potente y aguerrida minoría católica). Pero lo importante es que Emmanuel Macron ha entendido el mensaje tan bien que ha disuelto la Asamblea Nacional Francesa y convocado elecciones anticipadas.
En Bélgica, el independentismo flamenco, bastante crítico con la inmigración (el VB especialmente) consiguió mejorar sus resultados incluso en unos comicios nacionales y regionales que dieron lugar a la dimisión del Primer Ministro Alexander de Croo, conocido por intentar buscarse también el aplauso geopolítico de Hamas.
Ahora bien, ¿qué ha pasado con España? Es cierto que VOX se ha mantenido con respecto a las expectativas y que la formación de Alvise Pérez ha entrado con fuerza (su electorado es crítico con el establishment y la izquierda en general). Es cierto que la izquierda tradicional se desmorona en Andalucía y que la derecha sociológica se ha hecho notar en plazas importantes de Extremadura.
Ahora bien, el dictador posmoderno Pedro Sánchez se ha sentido en situación de resistencia electoral. Su resultado no ha estado muy lejos de un empate técnico como tal con el Partido Popular y parece mantener un nuevo granero grande de votos: la región de Cataluña, actualmente, una de las menos favorables a la libertad económica. Encima, se sentirá avalado por Von der Leyen, que ya ha manifestado su intención de volver a pactar con los socialistas.
Esto le permitirá dar por validada su hoja de ruta dictatorial. De hecho, ya dejó entrever que después de estos comicios exploraría la aplicación de mecanismos para obstaculizar, perseguir o intimidar a los medios críticos con sus desmanes, con sus políticas y con la corrupción que les salpica (amparado por un poder judicial cada vez más secuestrado).
No habrá adelanto electoral en España. Dejando aparte otros escenarios no contradictorios, hay aún bastante gente obnubilada por un PSOE al que solo pueden sentirse agradecidos Txapote, Hamas y los talibanes. Así pues carta blanca para echar gases lacrimógenos a manifestantes pacíficos, para obstruir el acceso a la vivienda, para sentirnos más desprotegidos, para empobrecernos más y para pagar muchos más impuestos sin margen de escapatoria.
Eso sí, pese a que la fuerza no haya ido masivamente (igual que en el resto de España) a formaciones que cuestionan los problemas migratorios (que quizá sea porque aún no hemos llegado a la situación de Francia), sí que conviene decir que Madrid es una especie de oasis derechizado (máxime si se compara con áreas metropolitanas como las de París, Varsovia y Berlín).
Tanto en la capital como en el territorio autonómico, la derecha (PP, VOX y SALF) supera el 60% (estos porcentajes superan o alcanzan el 70% en los bastiones metropolitanos del anti-izquierdismo, como es el caso de los distritos de Salamanca, Chamberí, Chamartín y Fuencarral-El Pardo, y de municipios como Pozuelo de Alarcón, Majadahonda, Las Rozas, Boadilla del Monte, Villaviciosa de Odón, Villanueva de la Cañada, Torrelodones y Villanueva del Pardillo.
De hecho, en el llamado «cinturón rojo», hay algunas localidades donde la derecha ha superado ligeramente el 50%, como es el caso de Alcorcón y Móstoles. Luego, en otras, pese a que la izquierda en bloque ha ganado (y el PSOE se ha mantenido como el más votado), la diferencia entre la izquierda y la derecha se mantiene bastante lejos del doble dígito entero.
Ahora bien, pese a que la derechización sociológica de Madrid se mantenga, conviene lamentar que una buena parte de los españoles siga confiando en el repugnante PSOE, siendo víctima, en muchos casos, del aborregamiento. Pero esto no implica rendición. Hay que seguir advirtiendo sobre el peligro de la islamización de Europa y dar la batalla cultural y espiritual contra las degeneraciones paganas, deicidas y woke.
De momento, Europa, en su conjunto, ha pedido que se frene el actual proyecto eurosoviético, que se paren las agendas ideológicas contrarias a la identidad occidental, las libertades concretas, la propiedad privada y cierto orden natural. La arena política verá un mayor impacto de las voces críticas con la pérdida de descentralización, de los ataques contra la subsidiariedad.